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No puedo mover montañas

Pensamientos de una noche oscura   No saber cómo volver, no saber cuándo empezar… esa es la eterna vuelta, la eterna revuelta. Del tiempo en movimiento, de las estaciones en crecimiento y del poco uso de nuestro propio entendimiento. Me pregunto cómo observar todo esto sin perder el control, la voluntad o incluso el deseo. Estoy graduándome con cada año que vivo. Los números se suman, los recuerdos sobresalen y mi cuerpo tal vez no acompañe. Es difícil describir, presentar o incluso sentir, porque lo que vivo, o lo que oculto, no es solo una parte de quien soy, sino la totalidad de lo que busco ser. Al final, aquel niño tenía razón: la vida adulta exige más que la infancia y, de alguna manera, no nos enseñaron a lidiar con ello, con pensamientos acelerados, frustraciones del cuerpo físico, impulsos, adicciones, idealizaciones y realizaciones. Entonces, ¿el mérito es mío por saber o por acertar solo? ¿Y aun cometiendo errores que manchan el cuerpo y dañan el alma, soy yo el únic...

Lanzado al viento

  EL ESCENARIO Y LA PELÍCULA Observé desde el escenario de la vida a la multitud que me miraba y me contemplaba. El espectáculo que estaba por entregar, la música a la que iba a lanzarme; pero todo ello para sentirme capaz, para sentirme entregado y desafiado por mí mismo. Siento en mí los lazos del deseo, la cercanía sin ansias, la búsqueda de los labios, del cuerpo y de los pechos. Eso vive en mí, habita en mí, hasta que aprenda a transformarlo. Pero no lo extinguiré, porque la provocación también me construye; me impulsa y en mí encuentra el mando para evolucionar. Congelo mis manos al sentir los primeros acordes de la canción. La melodía va llenando, poco a poco, todo el corazón. ¡Ohewa! Aún sé cantar para mi pueblo. Aún sé ofrecer la composición que, como un leve viento, mueve las hojas secas de tu suelo. Pero del otro lado del espectáculo veo la espera y también la violencia. No desean lo que quiero mostrar. No buscan lo que puedo ofrecer. No me quieren. Y aún no estoy prepar...

No hay regreso

NO HAY REGRESO   ¿Qué puedo esperar de esta sensación que me mantiene atento, al mismo tiempo que me distrae y quiebra lo que pienso? ¿No estaré huyendo de aquello que busco, esperando encontrar lo que no deseo? Cierta melancolía pasa sobre mí; el tiempo crea su propio propósito y la ventaja de estar lúcido me muestra tanto los avances como el desgaste de mi estado actual. Soy repelido por aquello que un día disfruté; estoy siendo apartado por algo que ya caminó a mi lado, rozando mi piel y susurrando en mis oídos… Pero lo que veo ahora es ausencia, fealdad y distancia. Tal vez me haya malacostumbrado, o quizá no tenga los ojos abiertos a los movimientos del presente, negándome a aceptar el paso del tiempo y la extrañeza de lo que veo, de lo que siento y percibo. De una forma u otra, yo busqué esto; lo pedí, y se cumplió. No debo detenerme ni aferrarme al pasado. Debo aceptar y lamentar, si es necesario; sufrir, si hace falta, pero superar. No debo permanecer en el suel...

Las vueltas que dio el mundo, las vueltas que aún dará

Las vueltas que dio el mundo, las vueltas que aún dará Escuché de labios desconocidos que, para conquistar la vida, es necesario ser dueño de uno mismo. Tomé cada palabra en serio y comencé a observarme cada día: en mis acciones, en mi comportamiento y en los deseos que demuestro tener. ¿Seré yo el esclavo de las obligaciones, de las costumbres y de los deseos que proyecto y reprimo? Quien debe tener el control, ¿no debería también tener el temor, la preocupación y el respeto? Formulé palabras vanas de consuelo; no para aliviar el sentimiento de víctima, sino para ver cuán inútiles son las palabras vacías. Me pregunto hasta qué punto llegaré y en qué obstáculo veré la consecuencia de todo el mal que un día cometí. En las vueltas que dio el mundo, encontré un cimiento en el camino que dioses y hombres ya recorrieron. Y así, me encuentro en el tercer párrafo esperando que lo inesperado ocurra y brote sobre el papel la poesía que se abre y se cierra con delicadeza. Porque no soy capaz de ...

Más Allá de la Materia que Conocí

MÁS ALLÁ DE LA MATERIA QUE CONOCÍ  Me detengo en las esquinas de pensamientos nublados, observando a quien está y a quien ya no está a mi lado. ¿Cómo mantenerme fiel a la promesa que me hice, siguiendo caminos estrechos que reflejan el puro deseo en contraste con lo que no puedo ver? Estoy en una vía de doble sentido, esperando verme partir y también verme volver, pues los lazos que un día rompí amenazan con regresar. No calculo el tiempo, no proyecto los acontecimientos, pero la ansiedad trae consigo sus perímetros y los bordes que no debo cruzar. Me consuelo en el pecho vacío, abrazando la distancia con la esperanza de que, al mantenerme atento al deseo que no me pertenece, pueda entonces dejarlo suceder. Tantas gotas caen del cielo sin saber, un mar se forma de gotas, pero las gotas no son el río en el que habré de sumergirme. ¿Y qué puedo esperar de lo desconocido, que pasa inadvertido por un camino aislado, sin prisa, sin destino y sin cuidado? ¿Debo renunciar al oficio, sella...

Soñé con los ojos abiertos

Soñé con los ojos abiertos, y vagué con el cuerpo despierto, sintiendo el deseo de lo que ya no sabe desear, y la superficialidad de un agua donde no se puede nadar. Me detuve tres segundos frente a la misma puerta, nadie me ve, todos ignoran. Tengo rasgos distorsionados, pesos y desequilibrios. Lanzo papeles sueltos al viento, busco una fuga de tantos pensamientos... No puedo ser quien alguna vez fui, no puedo ser lo que ya no me posee. Me detengo, pero sigo en movimiento, busco dentro de mí los caminos que alguna vez recorrí. Estoy inquieto, busco refugio en el mapa, busco mis pies en un pozo de agua. Lo imaginario lúdico, lo subjetivo útil, me atrajeron hacia el fin último: me introdujeron en mi búsqueda central — ser un humano mejor.

Una conversación con Samuel Atienza

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A MÁS ALLÁ DE LA VIDA Y DE LAS PALABRAS — UNA CONVERSACIÓN CON IAGOVINDA Por Samuel Atienza Conocí a Iagovinda a través de sus palabras. Primero en sus versos, luego en las cartas y reflexiones que componen Escritos — Poesías, Prosas y Cartas . Lo que encontré allí fue más que un libro: fue una invitación a cruzar umbrales, un viaje entre el dolor y la paz, entre la vida y la muerte. En esta conversación, quise conocer al hombre detrás de las palabras. Y, como todo verdadero encuentro, salí con más preguntas que respuestas. Samuel Atienza: ¿Qué significa para ti esa “purgación literaria” que describes en la introducción del libro? ¿Es un alivio, una entrega o un acto de coraje? Iagovinda: Para mí, esa purgación que menciono en la introducción del libro se refiere al sentimiento que desborda la copa y produce un alivio momentáneo. Solo puedo describirlo como el acto de transmitir al papel y a los textos aquello que ya está colmado en mí. Más que un acto de coraje, lo veo como una entr...

Aun sigo ganando

Perdí el encanto de los ojos y el sabor del corazón, fui ganando centavos y desacelerando mis pasos. No me queda lo suficiente, no retengo el ingrediente y por mí pasan hilos de un tiempo, de venas abiertas, de recuerdos olvidados, de palabras mal dichas que reabren heridas y alejan la espera de la llegada. Pues los caminos se cerraron, y el lado oscuro cobró vida, haciendo del cuerpo su propia despedida.

Los vientos de Venus

ORACIÓN A LOS VIENTOS DE VENUS Miré al cielo en una noche oscura, no vi el brillo de la luna, no sentí el calor del sol, pero la semilla germinó, desnuda y cruda sobre las cumbres del amor. Miré el espejo limpio y vi reflejarse los ojos de un muchacho olvidado. Las conchas de Venus sonreían con la presencia del mar que hoy se hizo montaña. Miré los rastros de una pasión, vi la intensidad que culminó en degradación, y al sentir las lágrimas deslizarse por mi rostro, comprendí la falta que hace sostener tu mano. Oh, diosa del Amor, que tus cabellos me abracen y tu manto me envuelva, que tus labios me sientan y que tu cuerpo brille ante mí. Pues sé que sabes amar y que tu amor es profundo, y me sumerjo en ti como me sumerjo en el mar. Y así te pido, y te suplico: enséñame a amar. Porque me he perdido en la superficie del océano, sediento de agua dulce, rodeado de agua salada. No veo un puerto seguro, pues me dejé perder en la ilusión de este mundo. Y mi grito nadie lo oirá, pero mi plegar...

Palabras escondidas

COMIENDO PALABRAS ESCONDIDAS Hay un gesto que repito sin decir, que siento al expresarlo. No por hambre solamente — aunque a veces el estómago habla — sino por un silencio más antiguo, más profundo, y escondido. Como quien guarda un secreto dentro de la boca. No me gusta que me vean, que me miren, que me sientan. Masticar me parece demasiado íntimo, demasiado expuesto. Como si cada mordida dijera: existo, deseo, necesito. Y aprendí a no decir cosas así. Quizás fue a los quince, quizás antes. Abría la nevera como quien invade un templo prohibido. Los ojos atentos a las puertas, a los pasos, al tiempo. La castaña, la galleta, el chocolate — no son solo alimento. Son símbolos, refugios, pequeñas conquistas en un mundo donde desear parecía un delito — y muchas veces lo fue. Un hurto, un robo — tomando lo que no era mío pero que en el fondo, sí lo sentía como tal. Y así actúo, y así actuaba. Como sin orgullo, sin culpa, sin pertenencia. Solo este vacío que llega des...

De la efirmeridad, vi renascer el Amor

DE LA EFIMERIDAD, VI RENACER EL AMOR   Decidí escribir una carta de amor, y al pensar en las palabras, al concentrar las emociones, vi que me falta amar, que no amo como las orillas de un río que regresan al seno del mar. Vi cuán lejos estaba y cuánto amor aún me faltaba. La obsesión por desear y aferrarse conduce a la euforia y a la falsa sensación de amar. Porque la pasión no es amor, y si te pierdes en una esquina agitada, en las aguas turbias de un día lluvioso, y no reconoces que, incluso en tiempos sombríos, la naturaleza sigue su flujo creador, entonces te darás cuenta, como las plantas que reciben la lluvia, como el suelo cubierto de hierba, y como las hormigas que siguen la disciplina que las une. Y mi cuerpo empapado, aunque no lo reconozca, agradece todo lo que la vida se ha llevado. El dolor que me sacudió y arrojó al suelo los frutos podridos, para que renazcan en un suelo rico y vigoroso, cubiertos por el deber de servir y por la pura...