Una conversación con Samuel Atienza
A MÁS ALLÁ DE LA VIDA Y DE LAS PALABRAS — UNA CONVERSACIÓN CON IAGOVINDA
Por Samuel Atienza
Conocí a Iagovinda a través de sus palabras. Primero en sus versos, luego en las cartas y reflexiones que componen Escritos — Poesías, Prosas y Cartas. Lo que encontré allí fue más que un libro: fue una invitación a cruzar umbrales, un viaje entre el dolor y la paz, entre la vida y la muerte.
En esta conversación, quise conocer al hombre detrás de las palabras. Y, como todo verdadero encuentro, salí con más preguntas que respuestas.
Samuel Atienza:
¿Qué significa para ti esa “purgación literaria” que describes en la introducción del libro? ¿Es un alivio, una entrega o un acto de coraje?
Iagovinda:
Para mí, esa purgación que menciono en la introducción del libro se refiere al sentimiento que desborda la copa y produce un alivio momentáneo. Solo puedo describirlo como el acto de transmitir al papel y a los textos aquello que ya está colmado en mí.
Más que un acto de coraje, lo veo como una entrega —una entrega a algo desconocido, pero que siento que siempre está conmigo.
Samuel:
Muchos de tus textos hablan de desapego, muerte, trascendencia y entrega. ¿Esos temas surgieron por experiencias personales o son parte de una búsqueda espiritual?
Iagovinda:
Creo que ambos. Desde niño vi de cerca el contraste entre la vida y la muerte. Mi madre falleció cuando yo tenía tres años, y otras experiencias durante mi infancia y juventud me acercaron a esos temas. Siempre sentí una fascinación por la muerte —tal vez porque quienes se quedan nunca la acompañan… y porque encierra un momento de profunda reflexión.
Recuerdo que, cuando era pequeño, asistía a velorios de familiares. Siempre había una tristeza flotando en el ambiente, pero nadie hablaba de ello, nadie cuestionaba, nadie siquiera imaginaba qué pasaba después. Y lo único que nos queda es el cuerpo —frío, embalsamado. Y pienso: no podemos ser solo eso.
En cuanto a la trascendencia y el desapego, escribo como lo siento. Son conquistas y derrotas que enfrento cada día. Hay días mejores y peores, pero todos los días son días para ser… y para perfeccionarse.
Samuel:
¿Por qué decidiste reunir poemas, prosas y cartas en un mismo libro, rompiendo con un orden cronológico? ¿Qué intención tiene ese formato?
Iagovinda:
La verdad, no lo sé exactamente. Llevo años escribiendo de forma aleatoria —empecé con crónicas, luego prosas, y después me abrí a los poemas. Siempre escribí lo que sentía en el momento… o lo que deseaba sentir.
No tuve una intención específica más allá de querer que quien lo lea pueda ser tocado de alguna manera. Quiero ser como un espejo limpio, capaz de reflejar algo que no está solo dentro de mí, sino dentro de cada ser humano.
Tengo un cariño especial por las cartas —especialmente por las Cartas Dominicales. Siempre sentí que en ellas había algo misterioso… El domingo es el día del Sol, el día en que la semana se cierra y también se abre. Entonces, es necesario estar consciente de lo que pasó y de lo que se busca para el nuevo ciclo.
Samuel:
Hay textos que parecen haber sido escritos en otros momentos históricos, o incluso en otras vidas. ¿Dónde está la línea entre la ficción y la memoria en tu escritura?
Iagovinda:
Sí… creo que realmente lo son. Me gusta mantenerme abierto a las buenas energías que me rodean. Algunos textos nacieron en momentos en los que vivía un estilo de vida muy dedicado a la meditación, la reclusión y la devoción.
De alguna manera, siento que fui un canal, un puente para transmitir un mensaje. No todo me resulta claro —esa fuerza que me rodeaba y que yo contemplaba aún me resulta un poco desconocida.
Creo en las vidas pasadas y siento que todos llevamos trazos de memorias antiguas, olvidadas, que terminan repitiéndose inconscientemente.
Hubo un texto sobre la muerte que escribí… Un año después, al releerlo, encontré en él un ritmo, casi una canción. Me fascinó porque las palabras fluían de mis labios con tanta naturalidad… y en esa distancia de un año, cada verso me reveló un sonido nuevo.
Samuel:
¿A quién sientes que escribes? ¿Existe un “lector ideal” o escribes, como dijiste en un texto, para “vomitar lo que piensas y sientes”?
Iagovinda:
Lo que digo en el texto es exactamente lo que siento. Escribo para purgar, para experimentar, para transmitir. Y sé que quizás no serán muchos los que lo valoren o comprendan.
Pero si de alguna manera logra tocar a alguien… Para mí, ya es increíble. Porque, en verdad, ni yo entiendo todo lo que escribo. Las contradicciones, las metáforas, las voces sueltas al viento…
Solo sé que viene de adentro. Y también sé que debe servir para algo útil y verdadero —para mí y para quienes se quedan. Porque los dedos se van… pero las palabras permanecen.
Samuel:
Afirmas vivir sin miedo, aceptando el flujo de la existencia. ¿Es algo que conquistaste o siempre fue parte de ti?
Iagovinda:
Creo que es algo que se conquista. Porque nacemos inmaduros, sin dominio de nosotros mismos, con nociones limitadas… Todo lo que somos hoy es fruto del trabajo genuino, honesto y humilde que hacemos en nosotros mismos.
Aún estoy lejos de decir que no temo nada. Pero escribo también para reafirmar lo que deseo ser y las mejoras que quiero alcanzar.
Acepto el ciclo de las cosas —los momentos, las trayectorias, la vida. No puedo decir que no tengo apegos, porque estaría mintiendo. Pero busco estar desapegado, en un trabajo constante, con vigilancia y madurez. Todavía me queda un largo camino por recorrer.
Samuel:
¿Qué buscas cuando viajas? ¿Es una huida, una búsqueda de libertad o de sentido?
Iagovinda:
No sé decir exactamente qué es. Solo sé que voy… y me permito ir. A veces sin planes, sin un destino claro.
Puede parecer incierto, frágil o incluso sin sentido… pero en ese camino es donde encuentro el sentido. Es cuando me transformo y descubro que el mejor viaje que puedo hacer es hacia adentro.
En ese proceso, voy haciendo amistades, construyendo lazos que se convierten en verdaderas familias —fuertes y maduras. Tal vez por eso, después de cinco años viajando y lejos de casa, no siento nostalgia ni deseo de volver.
Samuel:
Se habla mucho de la soledad, pero también de los encuentros profundos. ¿Qué significa para ti estar solo y qué es, en realidad, un encuentro verdadero?
Iagovinda:
Siempre digo a mis amigos que la soledad es una ilusión. Nunca estamos realmente solos —siempre hay algún tipo de vida a nuestro alrededor. Personas, hormigas, insectos, árboles…
Tal vez solo estuve “solo” en el vientre de mi madre —y aun así, no lo estaba.
Confieso que soy algo reservado, no hago amigos con facilidad, no me considero muy social… Pero procuro estar atento a lo que pueda surgir. Me gusta mantenerme vigilante ante las oportunidades.
Y sé que el encuentro más verdadero es el que tenemos con nosotros mismos —en cada instante en que la Vida se presenta y se manifiesta.
Samuel:
¿Escribes para comprenderte o para ser comprendido?
Iagovinda:
Creo que, para ser comprendido por alguien, primero debo escribir con el mínimo de comprensión propia. ¿Entiendes? Debo tener algún conocimiento de mí antes de esperar que otro lo tenga.
Así que sí… escribo, ante todo, para comprenderme, para profundizar en mí. Y después de esa inmersión, veo —a través de la mirada de los otros— si pueden o no comprenderme.
Y creo que siempre podrán… porque somos humanos y hay un hilo, una línea invisible que conecta a toda la humanidad.
Samuel:
¿Cuál es tu relación con la fe, ya que hablas de Dios dentro de ti y no como una entidad externa?
Iagovinda:
Este es un tema en el que podríamos sumergirnos por horas… Pero, intentando resumir, veo la fe como algo que también se conquista, se observa y se aprecia.
Antes de correr hacia cualquier entidad, necesito encontrar dentro de mí los caminos que me unen a ella —y aprender a caminar con mis propios pies hacia ese encuentro.
Entonces, para mí, Dios se convirtió en una experiencia. Una manera de apreciar lo intangible. Aunque no lo vea… lo veo.
Veo a Dios en cada acto de bondad, de pureza y de sabiduría. No necesito ver lo Divino en un plano extrafísico con mis ojos humanos si puedo —y debo— verlo en mi día a día, en mi camino.
Y eso… es liberador.
Samuel:
¿Qué mensaje o sentimiento te gustaría que quedara en el corazón de quien lea tus “Escritos”?
Iagovinda:
Esa pregunta me hace reflexionar mucho. No sé si tengo una respuesta ideal… pero puedo decir lo que me gustaría sentir —o lo que busco sentir— con esta obra.
Sé que cada persona va a entenderlo a su manera… Pero si pudiera resumirlo, diría que deseo transmitir tranquilidad. Serenidad ante la alegría y la tristeza, ante la vida y la muerte.
Quiero, de manera genuina, llevar paz.
Samuel:
¿Algún texto o carta del libro te marcó especialmente? ¿Por qué?
Iagovinda:
Las cartas tocaron mi parte más íntima y desnuda. Las escribía pensando en un amigo especial —alguien que, simplemente con su forma de ser, cambió mi forma de ver la vida.
Si tuviera que elegir un texto, diría “La Nube Triste Me Aparece Sonriendo”, que escribí en junio de 2024, en mis primeras semanas en Perú.
En ese momento, me sentía triste —y esa tristeza se convirtió en una nube que empezó a acompañarme. Recuerdo que lloré mientras lo escribía… y, al terminar, me sentí mejor.
Samuel:
¿Piensas continuar esta colección o este libro representa el cierre de un ciclo?
Iagovinda:
Pienso seguir escribiendo —por amor y por voluntad. Sin prisa y sin presión.
Tal vez continúe con una segunda parte de “Escritos” o con otros proyectos más coherentes, más auténticos… Quiero usar mi voz para transmitir mensajes que amplíen visiones y perspectivas.
Agradezco mucho esta oportunidad de responder a tus preguntas. Me siento bien con cada intercambio que tuvimos.
Que nuestra comunicación siga siendo siempre preciosa, respetuosa y oportuna.
Muchas gracias, Samuel.
CIERRE FINAL
Conversar con Iagovinda es como cruzar un umbral.
Sus palabras no buscan convencer ni impresionar, sino abrir un espacio donde cada lector dialogue consigo mismo.
Al terminar esta charla, me quedó claro que su escritura no nace para explicar… sino para acompañar.
Autorizo y animo a Iagovinda a publicar esta entrevista completa en su blog, como reflejo fiel de nuestro encuentro.
Gracias por la confianza.
— Samuel Atienza
gracias Iago, mucha suerte en tus proyectos y escritos. Un abrazo
ResponderBorrar