Abstracto fue la leche derramada en el cielo

 ABSTRACTO FUE LA LECHE DERRAMADA EN EL CIELO


Arquetipos que se contradicen, elementos que se extinguen, y, entre ser presa o depredador, un silencio ensordece el ambiente, anticipando gotas sólidas del dedo de un creador que también es criatura.


Entre las puertas que se abren, un vacío llena todo el espacio,

y la ventana de la esperanza permanece cerrada…

Una pregunta flota en el aire,

una respuesta que no viene a consolarme,

porque veo que he cambiado —

y cambiaré otra vez —

cuando decida en qué me voy a transformar.


Y al mirar las estrellas

y ver en ellas pedazos de mí,

fragmentos distantes y visibles,

abstractos pero plausibles,

me encuentro con conclusiones del pasado,

sin previsiones para el futuro,

atado a la condición que me mantiene en el presente.


Estoy envejeciendo, estoy madurando,

y, como todo lo que existe

en este mundo manifestado,

la esencia permanece latente,

aunque la apariencia se pierda entre hilos sueltos.


No puedo abrazar el mundo,

no puedo insatisfacerme con lo que observo,

pero puedo apuntar la flecha hacia mí mismo

y disparar el arco de la justicia y la compasión.

Veo mi cruz y la llevo a la cima del monte,

donde observo mi flor entre el lodo,

exhalando el perfume del loto en su ser.


¿Estaré atrapado en este mundo?

¿Viviendo en este cuerpo,

a la espera de su inminente descomposición?

Si no soy lo que soy,

¿cómo seré lo que fui programado para ser,

siendo así hasta cumplir con mi deber?


Aun viendo hacia dónde camina la humanidad —

perdida en la ilusión de las posesiones y los apegos,

viviendo como moscas que depositan sus huevos contaminados

en el suelo de una tierra abundante —

solo cosechan miseria y conflicto,

porque aman la vida como un fin y no como un medio.


Oh, Universo que ordena los granos del Tiempo,

limpia mis ojos para que pueda verte,

aclara mi mente para sentirte en todo,

y endereza mis acciones

para que estén alineadas con el compromiso

que firmé al encarnar en esta esfera azul flotante.


Porque no puedo partir

sin, al menos, estar a medio camino

de entregarme a Ti.


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