Enigmático es no pensar en nada
ENIGMÁTICO ES NO TENER NADA EN QUÉ PENSAR
Se alinearon los cometas sobre las cabezas de los necios,
y los cielos, impasibles, se mantienen en esa distancia irreconciliable
entre dioses y hombres.
Hay un orden oculto en el silencio de las aguas,
pero desde tan lejos no se oye el grito del infinito.
Las hormigas, sombras de una voluntad ajena,
siguen sus rutas secretas,
disolviéndose en la geometría invisible que las une.
No escucho el sonido que escapa de tu boca,
pero siento el pensamiento antes del verbo.
Sé lo que provocas,
sé lo que no puedo dar —
porque dar es perder,
y todo lo que una vez estuvo cerca de mí
ahora me exige distancia.
Olvidarme será perderme,
y en la pérdida, quizás,
encuentre lo que siempre busqué.
Los años pasan como quien nunca llegó.
El tiempo es solo un murmullo que se extingue,
y la memoria, al fin, falla sin herir.
¿Qué importancia tiene el olvido,
cuando los lazos se desenredan solos
y la sed permanece mayor que el agua misma?
En la sombra de los días nublados,
todos somos un enigma con respuesta,
un eco susurrado a las estrellas,
como rayos que dejan marcas en el cielo
y desaparecen sin rastro
en el lecho de la noche que precede al alba.
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