Te presento lo que puedo presentar
TE PRESENTO LO MEJOR QUE PUEDO PRESENTAR
Arrojé dentro de mí los cuestionamientos que perfeccionan mi saber. Me estoy alejando de mí mismo de una manera que no sé describir. Algo hermoso sigue vivo, incluso mientras percibo las cáscaras muertas de mi piel en transformación. Aún me veo aferrado, sin prisa por regresar al punto inicial del que partí. Siento en mi alma una fuerza inexplicable que guía mis pasos y me lanza de un lado a otro, abrazando encuentros amistosos y reconectándome con personas y situaciones de mi pasado. Sin embargo, confieso no saber si esta será mi última vida en la Tierra, pues me veo repitiendo acciones, reviviendo heridas, dejando puertas abiertas sin despedidas. No me malinterpreten, no me lean de manera burda, pero quizás sus razones para vivir no sean las mías. Siento apegos y desapegos. Me siento completo de una forma incompleta, entendido de una forma incomprendida, abierto de una forma cerrada: viviendo el presente, renunciando al pasado y sin proyectos largos para el futuro. Algo en mí presiente cómo será mi fin, cómo abandonaré esta materia, respirando por última vez, sin arrepentimientos; cruzando nuevamente la puerta de la muerte con buenos presentimientos de lo que presumo encontrar.
No tengo lazos fuertes con mi familia de sangre, aunque siento responsabilidad por haber elegido la cuna en la que nací. Me siento emancipado del hogar y de la religión. No temo vivir la vida como creo que debo vivirla, porque reconozco la Ley a la que están sujetos todos los dioses y los mortales. Reconozco lo que la vida puede ofrecerme y lo recibo, sabiendo agradecer. Aprendí a verme libre, pero aún me veo atado a instintos animales impulsivos que rozan la adicción y la esclavitud. No puedo vivir solo para mí mismo, ni caer en la falacia de que vivir es una lucha constante. No lucho contra terceros; lucho contra el animal que se reivindica dentro del humano... Hasta el momento en que desisto y observo, me recojo y me cierro. Siento esta oscuridad invadiendo, poco a poco, todos los espacios vacíos de mi mente. Entonces abrazo mis sombras para que la luz no se extinga, y dentro de este dualismo terrenal, me absuelvo de los crímenes que cometí y me perdono a mí mismo, porque soy mi propio juez.
No ruego al Dios que está en el cielo, porque siento al Dios que está en mí, más cercano, respondiéndome si sé reconocer Su escucha. Abro las puertas de mi conciencia y elevo mi estado espiritual. Sé que vivo en este mundo sin amigos ni enemigos, pisando un suelo físico cuestionable, respirando este aire que me mantiene vivo, mientras envejece mi piel y, junto al tiempo, descompone mi materia. No me lean mal otra vez, pero tal vez no comprendan mis escritos, porque no escribo para ser comprendido, sino para vomitar lo que pienso y siento. Y tal vez realmente finja –como dice mi poeta favorito–, pero el dolor que finjo sentir es el que está escondido dentro de ti y de mí. Así comparto estas palabras escupidas, con la esperanza que contradice lo que espero, que castiga lo que adultero, mezclando el agua del mar con el agua dulce del río.
Así te presento lo que puedo presentar. Me veo como una vaca en el vasto pasto de la Tierra, sabiendo que me alimentan, lo que hacen con mi carne, cómo explotan mi leche, y nada de esto me impide ser lo que fui programado para ser, transformándome en la mejor versión de lo que puedo ofrecer. Porque no puedo vivir sin ti, al reconocer que todos somos un único ser. Hasta que las religiones se disocien y no sean capaces de religar o conectar nuevamente la esencia primordial que todo construyó y todo destruirá. No te aferres a nada, ni a tus virtudes ni a tus carencias. Hablo de un cuerpo que muere y escribo con dedos que no aceptan la existencia de la suerte.
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