Viver no puede ser resistir

VIVIR NO PUEDE SER RESISTIR

Reveo mi cuerpo desde lejos
y siento cierta extrañeza
al no identificarme con lo que veo.

Mi cuerpo no soy yo,
mi carne no me pertenece
y por tal razón,
no piso firmemente este suelo.

Si no soy mi cuerpo,
con esta envoltura reafirmo
el lado oscurecido,
la frialdad sin sentido
y el corazón que no descansa.

No soy el espejo que me refleja,
no soy lo que un día imaginé,
pues mantuve la distancia
y me quemé por elección,
grisáceo en los múltiples colores,
condicionando el vaso sin flores.

Por decirte mi verdad
y huir de la vanidad,
me alejé de todos los estímulos seductores,
oscureciendo mi interior
hasta volverme puro cemento.

Condicionado por el tiempo,
aplastado por el viento,
petrificado por mi propio veneno.

Hasta que lo inesperado sucede,
y algo se posa sobre mí,
y, lentamente, veo caer mis fragmentos,
mi piel de marfil,
esculpida por los escombros
caóticos y progresivos.

"Estoy al borde de desaparecer",
pienso al ver renacer el Sol,
y me reafirmo a mí mismo:
VIVIR NO PUEDE SER SIEMPRE RESISTIR.

Dejo que todo ocurra,
acepto la sentencia y no lucho
por el último pedazo de postre.

Porque abandoné todo,
renunciando a todo,
abdicar de todo,
incluido yo mismo
y aquello que nunca me fue ofrecido.

Pues camino hacia la Nada,
y allí nada importa
más que su llegada.

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