Primer Domingo de Noviembre
PRIMER DOMINGO DE NOVIEMBRE
Escribo esta carta a los amigos que ojos comunes no ven, quienes rodean mi cabeza, trascendiendo la esencia cuestionable de lo que se ve y de lo que se siente, al vivir el final de otra estación, con emociones frente a la dualidad de la vida y a la ilusión de lo que realmente puede morir.
Mantengo una cierta firmeza en mis pasos inconstantes, pues parte de mí sabe exactamente a dónde quiere llegar, a dónde la condición material me atrae, me retiene y me purga. Todas mis confesiones son como libros bien abiertos y tierra que absorbe el agua, humedeciendo las paredes de una jaula abierta.
Tecleo mis sentencias en frases con rima, con palabras que nos unen. Porque, en el fondo, sabemos cómo termina todo, y la inevitable sensación de pérdida nos hace acudir a los brazos palpables de la Madre Naturaleza. En esta mañana de domingo, despierto sintiéndome solo, pero el viento que entra por la ventana y toca suavemente mi piel me despierta del sueño, envolviéndome en el prisma de los ángeles.
Observo cómo la noche fue seguida por el día, la embriaguez de la bebida y la perturbadora fuga que enloquece mi mente y me distancia de los amigos presentes. ¿Hasta cuándo jugaré en este juego, sintiendo la ansiedad, el cansancio y la fatiga, cuestionando a los dioses la respuesta y el motivo que me mantienen en esta vida? Pues quiero estar listo para la partida, viviendo conscientemente todos mis días.
Porque no temo a la Muerte, temo a la benevolencia de la Vida, y las aves del norte vuelan en conjunto, danzando en el cielo azul transitorio de este bello mundo. ¿No estará todo conectado a la red universal del Cosmos, que se expande y se contrae, mostrándonos que, aun al final de la edad, seguimos siendo niños madurando nuestra alma en el espeso velo del juego dual, cuestionando ante nosotros mismos nuestra verdadera identidad?
Crezco, pienso, reflexiono y cuestiono todo lo que me sucede. Siento que me alejo de algo, pues ya no escucho tu voz en mi corazón; pero, cada vez que me concentro en la canción, lloro dulces lágrimas de esperanza al sentir que en mí aún vive la semilla que florecerá la autorrealización, porque quiero vivir el amor por el mundo, el altruismo maduro que conecta lo que somos a la Perfección, el Amor y la Justicia que destruyen y construyen todos los planos y todos los mundos.
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