Observando las Olas de la Mente
OBSERVANDO LAS OLAS DE LA MENTE
En mi cabeza
inicié una guerra
con armaduras tan sutiles
que una leve brisa del viento
y una chispa del sol dorado
todo lo derrite, todo lo convierte.
Tuve un sueño de niño,
que me hizo ver con
ojos de adulto:
abiertos a la cosmovisión
de la dimensión de mi pequeño mundo.
Me volví indiferente a mí mismo,
viendo el suspiro que sigue al miedo
y la falsa sensación de no sentirme
entero.
Soy pequeño, pero no indefenso.
Camino solo, pero acompaño el suspiro
atrapado en cada pared,
aplastando su propio deseo
como quien sangra la frente
y olvida que la muerte es un beso.
Hablé a los oídos de quien me escucha:
quédate a mi lado,
hasta que la vela se apague;
pero que sientas el fuego
ardiendo por dentro,
consumiendo su propio elemento.
Pues a los dioses pedí permiso
para andar en el mundo de gigantes,
como una hormiga
consciente de su fuerza
y del peso que lleva sobre los hombros.
Toco el suelo como quien escucha la tierra,
pero vuelo como quien sueña en caída libre,
suspendido entre lo que fui y lo que soy,
un eco emanando el puro Amor.
Liberándome de las cadenas,
existiendo sin ambicionar ciegamente.
Pues es un tonto quien poco siente
y admirable quien a todos
siente igualmente.
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