Amando como un Hermano

 AMANDO COMO UN HERMANO


Escribí mi último poema,

con la certeza de que

no será el último.


Te di mi último abrazo,

sabiendo que tocaría tu cuerpo

por última vez,

pero volvería a abrazar tu alma.


Recogí del suelo

mis pedazos dispersos,

la tristeza de partir,

pero el consuelo de sentir tu apoyo.


Te amo como un hermano,

te deseo como una madre

y te quiero con todos

los fragmentos sueltos de tu corazón.


Veo estrellas en el cielo,

tan distantes y tan cercanas a mí.

Y te veo a mi lado,

sabiendo que tu muerte

no será tu final.


Esparzo las últimas semillas,

para que germinen en tu cuerpo

y florezcan en tu mente.

Porque sé que eres libre

y mereces el infinito resplandeciente.


Nunca fuiste mío,

ni tu cuerpo, ni mi adiós.

Nada posees porque nada te ata,

Todo tienes por poseer un corazón inocente.


Te amaré en todas las formas de vida,

Te encontraré en mi ADN.

Porque eres sangre de mi sangre

y eres hijo de mi Padre.


Me despediré en el momento justo,

sabiendo que la vida es un suspiro

y que el tiempo estará a nuestra espera.


Y entonces sentiremos el fuego arder

y por dentro nos transformaremos

en la mejor versión de nosotros mismos,

quemando poco a poco

nuestros deseos.


Hasta que la Vida se presente,

entregando a cada uno lo que

se gana por mérito.

Pues aprendí de ti,

llorando por ti,

mientras mi cuerpo ardía,

mi pecho latía

y nuestras almas se reconectaban.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Una conversación con Samuel Atienza

No hay regreso

La nubre triste me aparece sonriendo