Primer Domingo de Octubre
PRIMER DOMINGO DE OCTUBRE
Querido amigo,
Te escribo con la intención de acercarme a las enseñanzas y los sueños paralelos que ya no parecen tener sentido para mí. Entre las confesiones que haré, relataré la amarga ansiedad, la apatía que oscurece el agua y la ilusoria distancia que separa nuestras almas.
Estoy donde debo estar, siguiendo tus instrucciones codificadas que me llevaron por el árido y penoso camino hasta los picos de los valles sagrados. Estoy donde debo estar, observando tu rostro esculpido en las montañas que me rodean y escuchando tu silenciosa voz que inspira mi corazón hacia la recta acción, haciéndome consciente de que la soledad es verdaderamente una ilusión.
La voz de la Aurora ya no habla a mis oídos, y mi conducta frente a las pruebas de la Vida me hace llorar lágrimas opacas, me hace dudar de mis certezas, y me obliga a desarrollar, rehacer y absorber todo el polvo escupido por los vientos que exaltan la soberanía de la naturaleza.
Me abstengo de las convicciones que llevo, me alejo de las políticas que me rodean, me coloco ante las piedras magnéticas, viendo la sangre correr como gotas de cera de velas. Y el aroma que siento es la señal de que todavía corro peligro... Pero dime tú, dulce amigo, ¿qué nos falta para cenar en la mesa de nuestros enemigos? Al llevar las flores cultivadas con buenas intenciones, ¿no deberíamos ofrecérselas a quienes merezcan llevarlas en sus manos?
Porque el bien y el mal son una ficción, y en esta historia soltamos las manos y sufrimos por el error de nuestra propia separación. Veo demonios actuando como ovejas mansas y querubines comportándose como leones. Y mientras miro tus ojos, me pierdo en las creencias y conceptos que envuelven la estructura ocular, desde los párpados hasta las visiones condicionadas de mi mirada.
No necesito medicinas para encontrarme, no necesito bailar ni rezar rosarios, porque estoy emancipándome de mí mismo, uniendo los lados y barriendo el suelo para no tropezar más... Y esta es mi verdad, y debo compartirla. No para cambiar opiniones ajenas, sino para fortalecer nuestra propia confianza en una sociedad que disipa ideales sin ideales, obligaciones sin acciones adecuadas, que pesa tu cuerpo, encadena tu alma y masifica la ligereza que proviene de la Vida.
Te hablo nuevamente, estando lejos de ti, y aún así sintiendo con tanta fuerza esta energía que emana dentro de mí. Sigo muriendo poco a poco, como todo lo que existe en este mundo material, y muero sin miedo a la Muerte, así como vivo sin temores de existir... Y al acercarme a ti, a esta luz que calienta sin quemar, que abraza sin apretar y ama sin aprisionar... Me siento abierto, me veo despierto y traigo conmigo la paz y la guerra, el silencio y el grito, y el provechoso momento de meditar este domingo.
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