Carta a un amigo distante
Querido amigo,
Me convierto al escribir mis sentimientos con la esperanza de ver en mis palabras el porqué de mi angustia, presionándome para encontrar las respuestas al desahogar con sinceridad mis verdaderas condiciones actuales.
Sigo viviendo en esta vida, despertando y durmiendo bajo el sol que quema e ilumina. Siento un cierto peso en las olas emocionales que recorren el barco de mi ser, de mi condición existencial y funcional. Desde mi cuerpo físico hasta mi aura astral.
Percibo las circunstancias que me atan y me hacen regresar a viejos sentimientos. Adelanto mis lágrimas y me aprisiono fríamente en la celda del castillo nebuloso que construí para mí mismo.
Siento una cierta nostalgia de algo que no recuerdo haber vivido, de alguien que no recuerdo haber visto y que presumo ser la compañía de algo como un amigo. Creo que estoy hablando de mí mismo, de ese vacío interior que oscurece al final de la tarde y se calienta cuando se acerca al verdadero Amor.
Estoy destinado a recorrer este camino, reflexionando sobre las imperfecciones que observo fuera y que también veo dentro de mí. Desde la vanidad, gula, violencia, hasta todo error intencional o proveniente de la ignorancia de la humanidad. ¿Estamos presos unos a otros mientras creemos estar separados de todos?
No me juzgues como un tonto por atribuirme todo el peso que llevo, pues camino entre dos mundos opuestos y ambos lados me desafían a mantener mi paso, pero solo uno sabe por qué estoy cansado… Y solo uno habla conmigo, aconsejándome a mantener el equilibrio.
Estoy en la Tierra, mi caro amigo, y camino con los pies que me fueron dados y existo con el cuerpo que me fue merecido. Si miro a un lado y me veo fatigado, tal vez sea por la ausencia y constancia de los buenos actos que me hacen dudar de lo que veo, pero no del mal sentimiento por mantenerme aislado.
Te digo lo que siento y escribo lo que también hablo. Estamos distantes el uno del otro, pero en el silencio te siento a mi lado. Y las lágrimas secas que corren por mi rostro van directas al suelo árido y rocoso de un alma antigua con rostro de niño.
Voy saliendo lentamente de esta ciudad y, al vivir el compartir de un afecto discreto, de un abrazo apretado y de sentir los lazos de una pasión que solo quema de un lado, regreso solo, pero no desamparado. Y a ti, mi amigo invisible que me ves desde el otro lado, sigo desde este lado siempre aprendiendo y siendo grato.
Comentarios
Publicar un comentario