Meditaciones de la Mañana y del Alma

 REFLEXIONES AL AMANECER

Me despierto lentamente por la mañana, siento el frío en el ambiente y el calor de mi cuerpo adormecido. Tuve sueños repetidos, desde soñar con un presidente hasta presenciar la masacre de un pueblo inocente.

Me levanto de la cama y miro fijamente a las montañas. La niebla cubriendo las cumbres, los pájaros fuera de sus nidos, un leve silencio matinal y una nueva mañana naciendo para todos.

Me miro en el espejo y veo mi rostro, veo mi condición material, mis aspiraciones espirituales y la maduración de mi posición existencial. Me levanto para comenzar otro día, en las primeras horas de la mañana hago la meditación de mi vida.

El existir en el presente, cambiando constantemente, ¿seguiré siendo persistente en el camino que me pongo a andar? Los pasos que me dirijo a caminar? ¿Adónde voy y por qué no puedo volver?

Estoy viviendo un día a la vez, pero me pregunto y cuestiono si viviré esta vida, manteniendo los aciertos, aspirando a las conquistas, disipando los deseos, los vicios y los miedos. Si encarné en este mundo, sin recordar todo, por amor u obligación, viviré plenamente hasta lograr la ligereza de mi corazón.

Porque me miro en el presente, cargando las marcas del pasado, las ansias del futuro, las cicatrices en mi cuerpo y las constantes señales que me advierten que continúe en este globo hasta comprender y contemplar la muerte de mi ser. Una vez que percibo las circunstancias de la vida desarrollarse, reverberando en mi alma, la despedida con calma frente a la entrega total, a la espera de nada.

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