Dulce Mujer Encantadora

 DULCE MUJER ENCANTADA


Siguiendo la vieja historia, el viejo camino de una vieja y joven señora. Tan alta como una montaña y tan pequeña como una hormiga.


Volando como águila en el cielo y arrastrándose como serpiente sin velo. Dulce señora salada. Sabia en su ignorancia y humilde en su simplicidad.


La veo como una amiga y su semblante me acoge como una madre. Dulce señora encantada. Cabellos grises como la nieve, sonrisa penetrante como flecha de Oxóssi y un rostro marcado con su mirada tan distante.


La dulce señora llegó, llegó y cuánta confianza y firmeza sentí en sus pasos. Tan abierta estaba, tan serena se encontraba. Le pregunté su nombre y me dijo que ningún nombre le encajaba. Me pregunté si sería mi Maestra Nada.


Porque lo que sentía, el olor que de ella emanaba. Su perfume de sándalo y su color amarillento simplemente me encantaban por completo. Y mirándola tan de cerca… Veía, veía solo dulzura y una atracción que surge de la nada.


¡Dulce mujer apasionada! Maravillado yo la contemplaba. Ahora más joven se encontraba y completamente desnuda a mis pies estaba. Con cabellos ardientes como brasas, ahora era yo quien a sus pies me postraba.


Sus pies tan finos y suaves, los besaba. Y cuando sus labios encontraron los míos, sentí que era la muerte la que mis labios tocaban. El dulce final era el comienzo de la aurora y en sus pechos yo me entregaba por completo.


Sentí los rayos, sentí la flecha, sentí la lluvia, sentí el Sol y sentí la Luna. ¡Divina mujer encantada! Me hizo sentir toda una vida en su presencia sagrada. Y mi alma, mi alma estaba abierta y era ella quien me penetraba.


Dulce, dulce, dulce mujer amada. Su cuerpo estaba conmigo y yo allí no estaba. ¿A dónde me llevará esa serpiente que vuela como águila? ¡Dulce mujer del bosque! En tu vientre quiero hacer mi morada, para ser amamantado con miel y caminar contigo por todo este camino.


Pero en unos segundos ya no estaba allí. Estaba solo en el bosque y debajo de un árbol lloraba y sollozaba. Besé la muerte, pero aún estaba vivo. ¿Cómo puede un ser así aparecer y desaparecer de la nada?


¿A dónde fue la mujer que contemplaba? Ningún rastro en el suelo, ningún rastro en el cielo, nada encontraba. ¿Estaba solo con ella? ¿Y por qué los cuervos gritaban desesperadamente?


¡Qué delirio, qué visión de la madrugada!


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