La Invitación Abierta al Recinto
LA INVITACIÓN ABIERTA AL RECINTO
He estado pensando en pensar mejor. Pensando en mejorar, en dejar fluir y en saber flotar. Saber olvidar y dejar lo que queda y lo que puede vivir. El dulce amargo de la vida, la esperanza ya no aplastada ni sufrida.
Como un mar que hace balancear el barco, en la certeza de la nobleza, persiste lo afable sobre la naturaleza. Debo acercarme con delicadeza.
Estrecho es el camino al cual me reconcilio. Pongo el pecho en el lecho, siento el hecho del efecto. La semejanza con lo Divino, la majestuosidad en su recinto. La invitación llega en alegre silbido. Haciéndome acostar... Soñar al despertar.
Lo que me hace pensar... Considerar e idealizar. No con el sueño intangible de los cantos, sino con el oscuro bosque de los ángeles. La oscuridad del edificio silencioso de un nuevo mundo.
Las tensiones y las concepciones que nos llevan a transferir el miedo, la angustia, el dolor y el vacío. ¿Cómo no repetir el mismo camino? ¿Cómo no aceptar lo aprehensivo y transformarse con un perfume, con un dulce sentir de los lirios?
He estado pensando... Considerando y fantaseando. ¿Estaré listo para abrirme al nuevo canto? Para afianzarme en un nuevo suelo, para caminar consciente en este nuevo salón. Formas paliativas, intercambios alternativos. Me veo sentado disfrutando del nido del aclamado. El ir y venir del inclinado al abandonado. Ya no veo como un error elegir estar de este lado.
Ya no más pensando, ya no más considerando y mucho menos soñando. Debo despertar de este plano. Debo volar como hoja seca en la amplitud y en nobles certezas. La caída en el suelo fértil, la transformación en abono beneficioso. La separación deleitosa del viejo espíritu con lo que quedó de la materia en su último brillo.
Debo olvidar lo que ya era. Aceptaré la invitación para entrar en una nueva era.
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