Último Domingo de Mayo

 ÚLTIMO DOMINGO DE MAYO


Es inviable intentar cambiar las situaciones que nos suceden, pero siento decir que hay algo bello en hacer este esfuerzo para obtener nuevos resultados. Todos los días no son ya los mismos. El lugar donde escribo, el calor que me absorbe y esta certeza que siento en el pecho. Por la distancia que nos separa, por el conflicto intrínseco al despertar del alma.


Debo contarte todo lo que ha estado pasando. Mis próximos pasos en dirección al objetivo alcanzable y que hoy se hace palpable con el esfuerzo de la cocreación, reconociendo en mi solitude las puertas cerradas de la soledad. Hoy me pongo a sentar sabiendo que estoy sentado y a caminar sabiendo que estoy caminando.


Así, voy conscientemente adiestrando al ser animal que habita dentro de mí. Creyendo que toda acción desprovista de buen carácter debe ser reformulada y mejorada para que se mantenga íntegro, abierto al entendimiento y cada vez más distante de las redes ilusorias que nos atan al sufrimiento en el mundo material.


No me malinterpretes, no digo que la materia sea nuestro gran enemigo, pero son pocos los que crecen preparados para saber vivir en el mundo material sin desconectarse del plano espiritual. Todo sucede de manera tan acelerada, sus necesidades, su papel en la sociedad y toda falta de reflexión, haciéndolos andar sin saber que están andando, sentarse sin saber que están sentados y sobrevivir sin saber para qué existir.


Estoy pensando nuevamente en irme. Irme sin compromiso de volver. Encontrando siempre en mi caminar el llamado para continuar. Tal vez pocos me entiendan, tal vez sean pocos los que observan con atención, pero debo decirte cómo conquistar a un hermano más. Cómo entrelazar mis conquistas personales con los objetivos universales de fraternidad y unión, porque no debo comer solo este pan.


Aunque esté frente a la locura y a las acciones e inacciones que juzgo en mí mismo como sanas y puras. Me veo sintiendo por mí y por los demás, pero debo saber los límites que nos acercan y nos alejan, que nos mantienen firmes y que ahogan nuestras penas. Debo perfeccionarme para seguir en el camino de la perfección, no por el ego, sino por el Amor que calienta la concordia y nos muestra a todos el camino hacia la autorrealización.

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