Primer Domingo de Abril

 PRIMER DOMINGO DE ABRIL


Querido amigo,


Me conmueve escribirte esta carta en las condiciones en que me encuentro. Sé de tus esperanzas en alcanzar dentro de nosotros mismos la altura de vuelos inmensurables mediante la expansión de nuestra conciencia. Pero debo contarte algo que hasta hoy no he mencionado a nadie, y si acaso lo hice, fue evidente que no supieron descifrar.


Desde mi nuevo año, cuando entré en las primeras horas de la mañana, sentí algo descender sobre mí, con vibraciones divinas trayendo paz mientras se posaba sobre mi cuerpo. Estaba entrando en el éxtasis de la adoración y contemplación de mi alma. Recibí visitas esa noche; entidades vinieron de lejos para saludarme, pero te confieso que no me sentí digno de lo que se me ofrecía.


No obstante, también me sentí presionado e incapaz de recibir lo que se presentaba, pues me veía sucio y demasiado atrasado. Para intentar aclararlo, era como si fallara en una prueba y decepcionara a todos. Aun así, fui capaz de tragar mi ego y recibir hasta donde pude todo lo que me entregaron. Esta dádiva no viene solo a mí, sino a todos los que se preparan y están sensibles a los acontecimientos de las nociones que llevan de sí mismos y de los demás.


Sabemos separarnos cuando es necesario, pero tardamos en unirnos cuando el tiempo requiere unión.


Y, siguiendo como de costumbre las frecuentes encarnaciones, me concedieron una semana de festejos y reflexiones. Conseguí una fuerza notable desde esa noche en adelante, hice las debidas consagraciones celebrando en el mismo domingo de los avataras, maestros y personas como nosotros. Aunque para mí no haya sido suficiente para limpiar todos los errores, encontré en ese impulso lo que necesitaba para continuar con mis pasos sobre la tierra.


Hoy, me hace recordar la fecha 24, cuando completé los veinticuatro años y terminé el retorno de Júpiter. Creo que desde ese día, cada domingo para mí no ha sido igual. Debo siempre recordar el Poder que me ordenó caminar, sabiendo enderezar mi espíritu para alcanzar la ligereza, porque no puedo nuevamente errar y fallar con todos los que están esperándome, desacertando así a mí mismo.


Te deseo el provecho de esta tarea, invocando luz y fuerzas necesarias.


Iagovinga  
7 de abril del año 1000

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