Carta del Confinamiento
CARTA DEL CONFINAMIENTO (siglo XIII)
Mi noble,
Si esta carta ha llegado a vuestras manos, siento informarte que mi cuerpo ya no camina sobre la tierra. He sido mantenido enjaulado como un animal salvaje. Rasgaron mis ropas, escupieron sobre mi rostro, además de golpearme y lanzarme piedras, y el dolor causado por la humillación a la que me sometieron.
Los tiempos ya no son los mismos, pero te confieso que, incluso pasando por tantas pruebas de fe, me mantengo animado respecto al futuro y al trabajo que he hecho mientras fui un ser encarnado. No te digo que no lloro apoyado contra las frías paredes de esta prisión húmeda y helada, pero algo en mí se mantiene vivo y me siento constantemente acompañado.
Tengo días sin sentir el sol por completo en mi cuerpo, tengo sed de un vaso lleno de agua y, aunque me falte todo esto, me siento maravillado de ser capaz de soñar con cosas inconmensurables. Lugares donde nunca he estado, personas con quienes nunca he conversado… Todo esto por la magia de los sueños, encantado por el canto de los pájaros y el aullido de los lobos de la montaña.
Estoy cerca de la horca que me espera con sus cuerdas sucias y ensangrentadas. Y estando yo ante la muerte inminente, no dejo de pensar en ti, en Pedro y en nuestros amigos del campo. Sí, tengo fuerzas para enfrentar toda prueba necesaria, pues está en mi alma la potencia que mi cuerpo físico ya no posee.
Enfrentaré todo con vigor en los ojos y el pecho abierto, sabiendo que el camino por donde he andado siempre fue el correcto, el justo y el digno por todo este acontecimiento. Incluso sofocando gritos en la noche en silencio, incluso preguntando a los cielos el motivo de tanta purga, labor, pesar y desgracia. Me siento extasiado de poder escribirte esta carta.
Te pido que no condenes mi fin, sino que sepas aprovechar toda la experiencia que esta vida nos proporciona. Te visitaré al atardecer, y como de costumbre, te pido que enciendas una vela blanca y dos naranjas al pie de la cruz torcida donde yacen las cenizas de la virgen Agustina.
Me haré presente en tus sueños para que sepas que ya me he ido, para consolarte y darte las esperanzas necesarias para tu jornada. Estaré junto a muchos y acompañaré el progreso de todos. Te agradezco por el tiempo de amistad, fidelidad y pruebas de amor.
Dejo este mundo humillado, cumpliendo el deber de todo ser que un día fue exaltado. Amando a todos igualmente: a los que acarician mi rostro y a los que rompen mis dientes.
Que la luz del amanecer siempre acompañe tus pasos.
Paz y Luz,
Logai
12 de marzo, MCCXXIV ✡︎
Comentarios
Publicar un comentario