Lamentaciones a la Madre del Mar
LAMENTACIÓN A LA MADRE DEL MAR
Entonces, el tiempo pasó y las olas del mar siguen llegando. Estoy aprisionado en una estación de autobuses, enredado en sentimientos impuros y deseos oscuros. ¿Qué puedo decir y cuál es la mejor dirección que puedo tomar? Aún estoy aquí, pero siento que ya no tengo nada en este lugar. Al mismo tiempo, percibo que algo de mí perdurará desde que partí, y eso forma parte del viaje.
Negué una vela a un hombre con gafas rotas, negué fuego a un joven apresurado. ¿Qué más negaré a mis hermanos? ¿Extraño? Si lo siento, no sé decir. Solo sé que una ventisca de pensamientos, angustias y miedos pasa por mí. Pero está bien, la vida sigue siendo bella, mis queridos. No importan mis elecciones ni a dónde me lleve la vida. Pido consuelo a la madre del mar, Yemayá, aun estando tan lejos de sus olas.
Incluso estando fuera de sus baños, el canto de las sirenas llega, llega y se acerca. Basta saber escuchar, comprender y aceptar la distancia. Reconocer la ausencia y desvincularse de la culpa. Sentir la fuerza que emana del mar. Y la mamá sirena, protectora y curandera, hazme dormir al son de sus cantos. Hazme llorar y derramar cada gota de agua salada de mi rostro.
Porque partí sin avisar a nadie. Partí poco a poco, hasta estar aquí en materia y, al mismo tiempo, no estar. Solo Dios sabe lo que perdí al partir y solo Dios sabe lo que encontraré en este nuevo viaje. Tengo mucho de lo que desprenderme. Poseo deseos contaminados y sentimientos pesados... ¡Ah, Santa Madre Divina! Ayúdame y ahógame en aguas cristalinas que me lleven a lo más profundo del mar. ¡Oh dulce, oh bella, oh pura madre Yemayá, haz de tus hijos peces en la inmensidad de tu mar!
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