La Flecha que Atraviesa el Pecho
LA FLECHA QUE ATRAVIESA EL PECHO
Aprendí viendo lo que es visible por fuera y observando lo intangible que se siente por dentro. Mirando las estrellas y pisando con los pies bien firmes en suelos rocosos, secos, áridos, en contraste con la frialdad del cuerpo al calor del ambiente. Digo esto con casi toda certeza que tengo. Aprendí a sentir lo necesario y a expresar lo formidable. Algo así no debe ser raro, algo así no puede ser caro.
Llevamos en pasos largos recuerdos de un pasado lejano que habitan en el presente momento, que interfieren en nuestro espacio-tiempo al distanciarnos del pasado evitando ansiosamente el futuro, ¿qué nos quedará además del presente? Un vehículo puede atravesar de un punto a otro, en su velocidad, en su constancia y con el combustible necesario, ¿no seríamos lo mismo en este cuerpo físico?
¿Hasta dónde puedo llegar, a qué destino me propongo entregar? Si todo a mi alrededor parece existir por una buena razón, por una misión o condición existencial, ¿por qué debo olvidarme de nutrir el vehículo terrestre preparándolo para su unión con el celeste? Tal vez esta sea la ilusión que nos hace conectar solo con lo físico y olvidar la energía primordial que habita en cada ser vivo dentro del Proyecto Tierra.
Una puerta cerrada por dentro puede no abrirse correctamente por fuera, a menos que la llave esté en vuestras manos y la violencia no sea necesaria para entrar en la puerta del corazón, y claro que podemos funcionar de manera similar. Podemos ser su amor en muchas vidas, podemos plantar lo que sea, pero solo cosecharemos lo que merecemos. Tal vez sea solo por la misericordia divina que nos entrega algo superior a lo que se ofreció. Pero díganme ustedes, ¿por qué debemos depender de las migajas de los santos mientras no nos santificamos?
Con el discernimiento que cosecho y también con lo que planto, elijo seguir este camino, elijo rehacer mi destino. Con la independencia de los pies descalzos, suplicando a los cielos por los hermanos desamparados. Siguiendo con la vida limpia y el corazón en camino recto las instrucciones que vienen de adentro. Las flechas me atraviesan el pecho. La sangre corre sin ningún miedo. Veo el placer de quien escupe en mis senos, pero nada quita nuestra sonrisa.
Miro a todos con el reflejo de sus propios ojos, veo que en cada uno habita una chispa viva de luz genuina entrando en vuestros corazones. La furia sentida expresada por tanta revuelta y barbarie me hace entregar, me hace permitir y saber que en algún momento se expandirá y el perdón lo alcanzará. Incluso todos los males me hacen sangrar, amarrando mi cuerpo, enrollando cuerdas en mi alma. La llama que limpia y destruye las cadenas viene a quitar las suciedades del espíritu dejándolo libre para volar. La ligereza de la vida que permite regresar al seno creador del que salimos un día.
Este es el regreso de los que cumplieron su misión, están libres para partir porque supieron entregar sus trabajos y nada más los ata a la Tierra. Permite que el mismo llamado te lleve a tu objetivo final. Permite estar apto para el brillo de la luna, al calor de la hoguera, al canto de la sirena.
Permite la libertad de brazos abiertos para recibirte en tu destino cierto. Pues ya tienes ojos para ver lo que está más allá del velo de Maya y tu corazón para sentir lo que se esperaba de ti. Encuéntrate firme para seguir la jornada. Es el camino de los santos el que te trajo aquí.
Es el mismo de los limpios, de los puros y de los íntegros, es sentir al pajarito entrando en su nido y saber apreciar a su madre. El mensaje que me llega también ya lo comparto. Lo que puedes oír es un llamado al infinito. Solo no corras contra el viento o al cielo abierto esperando recibir lo que está podrido y es impuro para los infiernos.
Porque también fui golpeado, hechizado y cruelmente torturado y en ningún momento fallé en no amar a quien estaba a mi lado. Es el saber del sacrificio lo que entrega en sí el Cristo preciso y es por la misericordia divina que debo rogar por todos.
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